Junto con la Revolución Industrial cristaliza una división tajante entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. Esta división tenía su fundamento que las ciencias naturales habían logrado gran desarrollo utilizando el paradigma determinista o de causa-efecto, con avances tecnológicos que impactaron la vida diaria de las personas, con lo que ganaron mucho prestigio social e intelectual. Así, las ciencias naturales estaban ligadas en ese tiempo a la idea de progreso infinito de la humanidad.
Por el contrario, las ciencias sociales, inminentemente especulativas y con escasa potencia explicativa y predictiva, habián devenido en estudio inútil y casi esotérico a los ojos de la sociedad.
En ese contexto, durante la primera mitad del siglo veinte, las ciencias sociales intentaron tomar el paradigma determinista para sus propios desarrollos, obteniendo escasos resultados relevantes.
A mediados del siglo veinte se produce un desarrollo paradójico en las ciencias sociales y en las ciencias naturales. Mientras los cientistas sociales intentaban acercarse al paradigma determinista de las ciencias naturales, tratando de explicar fenómenos sociales en términos de causa-efecto (un ejemplo obvio son las teorías económicas, para mí una ciencia social), en las ciencias naturales surgían con fuerza teorías no deterministas, como fue la precursora “relación de indeterminación” de Heisemberg , la “teoría del caos” y la “teoría de los sistemas complejos” .
Todos estos desarrollos cuestionaban que la totalidad del mundo físico pudiera explicarse deterministicamente. Todas estas teorías que venían de las ciencias naturales (física, biología, química, teoría de sistemas) encontraron terreno fértil en las ciencias sociales (sicología, sociología, historia) y surgió así todo un campo interdisciplinar de colaboración en que estas teorías se aplicaban a distintos campos en todas las ciencias.
Podemos decir que este desarrollo fue genuinamente epistemológico, sin tributos a poderes e ideologías imperantes.
En resumen, se concluía que las explicaciones deterministas de fenómenos físicos o sociales no eran más que una buena aproximación en condiciones ideales, pero que era mucho más vasto el universo de fenómenos no deterministas que eran mejor explicados por la teorías del caos y de sistemas complejos. Estas teorías se transformaron en un verdadero puente de plata entre dos vertientes científicas hasta entonces separadas.


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